Morin

América: Cohesión social en curso

La Información, 15/07/2009

En esta entrega del escritor, periodista, filósofo e historiador Federico Henríquez Gratereaux, premio nacional de ensayos y autor de una basta obra literaria, donde se destaca su más reciente novela “Ubres de Novelastra” el autor aborda el tema de la identidad y la nacionalidad en el contexto del gran espacio cultural y social del mundo actual.
La identidad de los pueblos de América, esa mezcla triétnica que somos donde conviven el ingrediente aborigen, el europeo colonizador, y el africano que llegó posteriormente, se analiza desde diversas perspectivas los elementos que forman la identidad del hispanoamericano: Son nuestras raíces mestizas que trazan un camino con señaladas particularidades.



(III de VI)

"El antiguo internacionalismo había subestimado la formidable realidad mitológica religiosa del Estado – nación. Se trata en adelante, no solo de reconocerla, sino también de no pretender abolirla".

Edgar Morin 

A esta frase de Edgar Morin habría que añadir que no solo no debe intentarse abolir esa "formidable realidad" que es la nación; tampoco es lícito pretender fosilizar la idea nacional e impedir su desarrollo, transformación o evolución. La "formidable realidad" del Estado-nación no es únicamente mítico-religiosa. Fustel de Coulanges, en su extraordinario libro La ciudad antigua, explica los orígenes religiosos de la polis griega y de la urbs romana. 
El Estado-ciudad es el tema central de este autor clásico; pero es claro que los modernos Estados-nación prolongan y participan de esos arranques mítico-religiosos. Sin embargo, la fuerza actual de los sentimientos nacionales procede de intereses económicos y de vínculos anudados por las costumbres profanas. 
Las naciones de hoy son hijas de la desaparición del feudalismo, absorbido o integrado por la monarquía absoluta. Con las monarquías, hubo territorio nacional, leyes nacionales, soberanía nacional, moneda nacional, ejercito nacional, himno nacional. Surgió entonces algo decisivo: el "mercado nacional". Es decir, cien ciudades sometidas a la autoridad de un solo Estado y de un gobernante único que las representaba a todas. 
Casi todos los grandes tratadistas contemporáneos de los problemas de la nación y del nacionalismo son personas que desde su nacimiento, o a traves de la historia vivida por sus padres, han sufrido traumas colectivos. Ese es el caso del filósofo y sociólogo Edgar Morin, nacido en 1921, combatiente voluntario en la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial. El autor de Tierra-patria, de Una política de civilización, de La complejidad humana, refleja en sus obras el impacto de sus experiencias personales y las de su comunidad.
También ese es el caso de Ernest Gellner (1925 – 1995), filósofo y antropólogo de nacionalidad británica, nacido en Chequia y fallecido en Praga. Checo-Eslovaquia es una zona del planeta bajo la constante influencia de las grandes potencias del viejo mundo, antiguas y modernas. Rusia, Alemania, el imperio austro–húngaro, han zarandeado esa región durante siglos.
La guerra de los Treinta Años comenzó con la famosísima defenestración de Praga. La llamada república checoeslovaca se formó con la reunión de Moravia, Bohemia, Silesia y Eslovaquia, en 1918, al concluir la Primera Guerra Mundial. Gellner conoció directamente las sañudas pasiones nacionalistas de bohemios, alemanes y polacos.
Ocurre igual con Benedict Anderson, nacido en 1936 en China, de padre irlandés y madre inglesa. Anderson es un experto en los problemas de Indonesia, país donde redactó la mayor parte de su tesis doctoral mientras trabajaba como profesor asistente en la Universidad de Cornell. 
Indonesia es un archipiélago poblado por diversas etnias, con enormes diferencias religiosas, culturales, idiomáticas. Por estas islas han pasado portugueses, franceses, españoles, ingleses y holandeses. Empresarios europeos instalaron en Indonesia factorías y negocios comerciales monopólicos. Los holandeses practicaron allí "una segregación racial completa". En Indonesia se discute todos los días acerca de las ventajas de la "unificación nacionalista" frente a la diversidad religiosa, cultural y étnica. 
Benedict Anderson estudió el problema de las naciones nuevas que son desprendimientos de viejos imperios. Lo cual es importantísimo para entender a las naciones de la América hispánica, que se zafaron de la tutela colonial cuando España fue invadida por las tropas de Napoleón. Se apoya mucho en una obra del historiador inglés John Lynch: Las revoluciones hispanoamericanas 1808-1826. Lynch explica en ese libro que Bolívar no se atrevió a pedir la abolición de la esclavitud porque "temía el resentimiento de los grandes terratenientes", blancos, españoles.
En 1821, al convertirse Bolívar en Presidente de la Gran Colombia (Venezuela, Nueva Granada y Ecuador), obtuvo del congreso una ley mediante la cual se liberaba a los hijos de los esclavos. San Martín promulgó un decreto para reconocer a los indígenas o indios como ciudadanos peruanos. Bolívar había huido a Haití en 1816; y prometió entonces al Presidente Alexander Petión abolir la esclavitud "en todos los territorios liberados". Las diferencias raciales, sociales, culturales, de las poblaciones americanas, determinaron patrones peculiares para la integración nacional; y para la forja de la identidad.
Al tocar el tema de Haití, Pétion y Bolívar, es pertinente mencionar al doctor José Núñez de Cáceres, gestor de la primera independencia del Santo Domingo español, proclamada el 1ro. de diciembre de 1821. Núñez de Cáceres, junto a otros siete ciudadanos, redactó el Acta Constitutiva del Gobierno provisional del Estado Independiente de la parte Española de Haití. Este documento constitucional merece ser comentado por varios motivos: Núñez de Cáceres pone la entidad política recién creada bajo la protección de la Gran Colombia. Bolívar, presidente de la Gran Colombia, había recibido ayuda militar de Petión a su paso por Haití en 1816. 
A este presidente le sucedió Jean Pierre Boyer en 1818. Como todos saben, la invasión de Boyer a la porción española de la isla de Santo Domingo ocurrió el 9 de febrero de 1822, setenta días después de la proclamación de la independencia. 
Se ha dicho que Bolívar, agradecido por la ayuda de los haitianos, no objetó la invasión de los antiguos esclavos a un territorio "perteneciente", de manera formal, a la Gran Colombia. También se dice que Bolívar nunca recibió la comunicación de Núñez de Cáceres.
Discusiones acaloradas suscita en nuestro país el hecho de que Núñez de Cáceres no aboliera la esclavitud. Algunos historiadores achacaron la invasión de Boyer, precisamente, a que los esclavos no fueron liberados. 
Investigar las causas de la invasión haitiana de 1822 no es tarea prevista en este trabajo, limitado al tema de la identidad de los pueblos.
No obstante, nos parece que dar tierras a los soldados licenciados tras la muerte del rey Cristóbal podría ser una de ellas; además, después de la caída de Napoleón y de la celebración del Congreso de Viena, se hablaba en Europa de una probable "restauración de los borbones".
Boyer, tal vez, aprovechó la acción de Núñez de Cáceres para ocupar toda la isla sin ofender a los reyes de España; y así prevenir que los borbones españoles – en el poder desde 1700 -, prestaran el territorio vecino de Santo Domingo a los franceses, fueran borbones o no. Boyer continuó y extendió la reforma agraria que Petión comenzó, al repartir las tierras de las grandes plantaciones francesas.
Es de sobra conocido que Thomas Jefferson no abolió la esclavitud.
El gran prócer norteamericano, redactor de la Declaración de Independencia y tercer presidente de los Estados Unidos, llamaba a la esclavitud "institución peculiar".
Mantener seres humanos sometidos a la esclavitud no parece congruente con la idea motriz de la Declaración de Independencia: "todos los hombres han sido creados iguales...están dotados de "derechos inalienables"..."esos derechos incluyen la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad". Los esclavos de los Estados Unidos debieron esperar hasta 1863, cuando Abraham Lincoln – presidente #16 – les dio la libertad. Núñez de Cáceres, al igual que Jefferson, no abolió la esclavitud; sin embargo, su Acta Constitutiva dispone, en su articulo 9: " Son ciudadanos del estado independiente de la parte española de Haytí todos los hombres libres de cualquier color y religión que sean, nacidos en nuestro territorio, o aunque lo sean en país extrangero, si llevasen tres años de residencia o fueren casados con muger natural.
En ambos casos harán constar los interesados al Gobierno las respectivas circunstancias por medio de una información ante los Alcaldes municipales..." En los artículos doce y trece del Acta Constitutiva, dedicados a explicar en cuales casos se suspenden los derechos de los ciudadanos, se especifica que las personas que no saben leer no pueden ser elegidas pero si pueden elegir. Una previsión que hace mucha falta en la Constitución vigente de la República Dominicana.
Europa es un continente estremecido durante milenios por guerras dinásticas, religiosas, étnicas, ideológicas, imperiales. Europa es un "muestrario" inmenso de las diferencias humanas. Banderas, lábaros, gallardetes, insignias, blasones, adornan las puertas de casas y palacios medievales. 
Los especialistas en heráldica "descifran" el significado de los escudos de ciudades, de nobles, de reyes y señores. Antiguas pugnas y bien asentados prejuicios sostienen ese tinglado o armazón. 
A los "improvisados" ciudadanos de los nuevos países de América les da trabajo comprender claramente tan complejas estructuras de odios y desdenes recíprocos. 

* El autor nació en Santo Domingo, el 9 de septiembre de 1937. Es ensayista, periodista, educador y filósofo: Obra: La feria de las ideas (1980), Opúsculos: Negros de mentira y blancos de verdad (1994), Cuando un estadista envejece (1995), La globalización avanza hacia el pasado (1995), La guerra civil en el corazón (1995), Un antillano en Israel (1995), Peña Batlle y la dominicanidad (1996) y la obra Un ciclón en una botella (1999), su más reciente novela es “Ubres de Novelastra”.